El otro día descubrí una especia en un restaurante libanés de unos amigos de mis padres. Siempre que voy, hay algo en la ensalada, las patatas cocidas o el arroz que lo hace saber diferente. Y esta vez me acordé de preguntar: es Sumac.
El sumac — también llamado zumaque — es una especia de sabor ácido y suave, muy usada en Oriente Medio. Más allá de su aroma cítrico, es un alimento lleno de propiedades: antiinflamatorio, antioxidante, digestivo y con un efecto regulador suave sobre glucosa y metabolismo.
Yo tengo integrada la alimentación de acuerdo a mi ciclo porque tengo tendencia a la inflamación, así que me alegró saber que el sumac puede convertirse en un aliado para acompañar el cuerpo en sus diferentes ritmos, porque apoya la digestión, aporta micronutrientes y favorece una cocina vibrante, viva y nutritiva. De verdad ¡qué sabor! (lo mismo te hago demasiado hype, pero es que soy bastante efusiva con las cosas que me gustan).
Así que te propongo cinco formas sencillas de integrarlo según tu fase del ciclo:
- Menstruación: caldo suave con lentejas rojas y sumac — nutritivo, cálido y antiinflamatorio.
- Folicular: ensalada fresca con garbanzos crujientes al sumac — ligera, expansiva, renovadora.
- Ovulación: bowl de quinoa con fresas, granada, menta y sumac — vibrante, sensual y lleno de vida.
- Lútea: verduras asadas con sumac y salsa de tahini — calmante, saciante y reguladora.
- Todo el ciclo: yogur vegetal con sumac, dátil y nueces — simple, digestivo y lleno de antioxidantes.
Puedes añadirlo en crudo, usarlo como condimento final o mezclarlo con limón, aceite y tahini para crear aderezos deliciosos.
El sumac no viene a reemplazar nada: viene a recordarnos que la cocina puede ser medicina cuando escuchamos el cuerpo, honramos el ritmo y alimentamos el ciclo con presencia.





